El tarot como autoconocimiento, la vibración como equilibrio

Alicia Cercadillo cambió su trabajo como auxiliar de enfermería por una consulta en la que realiza tarot evolutivo, masajes de sonido y registros akáshicos.

 

Sergio Marín Ochoa

|27 de mayo de 2026|

Esta soriana afincada en Logroño pasó años alternando su papel como terapeuta holística con su trabajo en la enfermería. A día de hoy, lleva un año y medio dedicada exclusivamente a las terapias, pero lleva con ellas más de una década.

Insiste en que el tarot no se reduce a las cartas. Que se trata de un ejercicio de autoconocimiento. «Yo, cuando empecé con el crecimiento personal, lo hice para mí misma y mediante reprogramación mental ―cambios de creencia―». Asegura que somos como ordenadores biológicos, y que vivimos integrando experiencias que se repiten. «Es como: he vivido una infancia así, y parece que los patrones se repiten. Y podemos cambiar esas creencias».

Luego, vino la terapia de sonido con cuencos tibetanos, registros akáshicos (lecturas del alma), y, tras ellos, el tarot. «Cuando empecé a estudiar el tarot, era predictivo, de decirle a la gente lo que le iba a ocurrir. Pero entraba en conflicto con lo que había aprendido en cuanto a cambios de creencia. Es decir, le digo a alguien lo que le va a pasar pero sé que se puede cambiar». Cuenta que, al principio, la gente le preguntaba cosas como si iba a volver cierta persona o no. «Y yo, les decía: podemos cambiar la pregunta. Podemos preguntar qué hay en ti para que te aferres a esa persona».

Ahora, percibe que ese «tarot evolutivo o terapéutico» es lo que la gente va a buscar a su consulta. «No nos enfocamos en lo que hay fuera, sino en ti, porque tú eres el creador de tu vida. Utilizo el tarot para que te conozcas mejor, para ver qué bloqueo impide conseguir los objetivos, y transformarlo».

Respecto a los cuencos tibetanos, emiten un sonido y una vibración que Alicia garantiza que equilibran nuestro campo energético y nuestro sistema nervioso. «Llega un momento en el que todo se calma y es pura atención al momento presente. Te envuelve la energía. Se crea una frecuencia que te relaja». Un elemento que sirve como punto de partida y de apoyo para la meditación.

Con estos cuencos, realiza masajes de vibración. Primero, se envuelve el entorno con el sonido y, después, se ponen cuencos en diferentes lugares del cuerpo ―como el pecho―. Relata cómo hay gente que ha ido a hacerse este tipo de masajes cuando tenían que tomar alguna decisión importante. Pero no sólo eso. «He tenido niños con TDH aquí en la consulta que no había quién parara esas cabecitas. Sin embargo, con el masaje de vibración con los cuencos tibetanos, se quedaban dormidos», corrobora. No obstante, los masajes los complementa con elementos como un gong.

También, nos habla de los registros akáshicos, las memorias del alma. «Es conectar con tu esencia. Nuestra alma es mucho más grande que nosotros y hemos vivido diferentes etapas. Así que atravesamos situaciones que se repiten y no sabemos cuál es el origen, e igual es de otra vida y has venido a sanar». Reitera que es una conexión con tu esencia más pura, pero, para contextualizar bien esto, hay que tener cierta creencia en la reencarnación. «Nuestro cuerpo, cuando morimos, descansa. Pero nuestra alma sigue viva y puedes reencarnarte en otro momento».

Así, tras más de una década de exploración en terapias holísticas, Alicia Cercadillo ha convertido su consulta en un espacio de autoconocimiento, meditación y conexión espiritual. Desde Logroño, esta soriana defiende una forma de entender el tarot como un método de crecimiento personal, en detrimento de la predicción. Entre cartas, vibraciones de cuencos tibetanos y gongs, y registros akáshicos, Alicia intenta ayudar a buscar respuestas en nuestra propia esencia.